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Recuerdo que antes los juegos eran sólo diversión. Y la costumbre infantil se remitía al hecho de pasarla en grupo y entablar amistades para toda la vida. El juego casi siempre se asociaba a la actividad física, al grupo diferente, pero cohesionado, a relajarse y reir sin preocupaciones.
Si bien los juegos han cambiado con el avance tecnológico, la esencia de los mismos debería seguir intacta, pero en muchos casos no es así. Ahora encontramos nuevas enfermedades, que no son virus, ni resfrios, son enfermedades del alma, a lo que nuestros niños se ven expuestos.
La adicción es una de ellas: A la televisión, a los juegos de computadora, a máquinas de apuestas aparentemente inofensivas. Pero todas las adicciones tienen factores comunes: La soledad, el descuido y la indiferencia.
¿Por qué un niño pasa tantas horas frente a un televisor?, ¿Por qué descuida sus deberes y se enfrasca en interminables sesiones frente a un teclado?, ¿Por qué busca conseguir monedas urgando en la cartera materna o en el bolsillo paterno, para regresar a la "Chinita" a seguir apretando botones desenfrenadamente?.
¿No es un síntoma del descuido paterno, de la soledad que siente y la indiferencia de todos?
Señor, señora, no seamos indiferentes ante este terrible mal que afecta a nuestra niñez y a nuestra juventud. Demos el real y merecido tiempo a los menores, procuremos estar atentos a sus necesidades y denunciemos a quienes tengan estas infernales máquinas en sus negocios.
Si usted quiere ayudar a desaparecer este mal, puede comunicarse al teléfono 513-6100 anexo 9008 y hacer la denuncia anónimamente. El bienestar de nuestro Perú, también está en sus manos.

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