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Es perturbador ver en la prensa la terrible noticia de una joven asesinada brutamente y sin causa aparente por un ciudadano extranjero que sería el supuesto homicida.
Pero la reacción del padre, un hombre que ha demostrado una valentía heroica ante estas circunstancias, revela el momento de reflexión que podríamos empezar a esbozar después de terminar de ver los noticieros.
Ricardo Flores envía un mensaje a los padres del país, “Cuidemos a nuestros hijos, porque las consecuencias podrían ser fatales”, nadie mejor que él y con autoridad para decirlo.
Hay varías conclusiones que saltan a la vista, legal, judicial y policial, pero Ricardo apunta directamente al núcleo familiar y a las decisiones que los padres deben tomar en los momentos adecuados.
No se trata, según como yo veo, de encerrar a nuestros hijos, tampoco de vivir en un estado de inseguridad y de alerta constante, pero sí de poner ciertos límites y tomar mínimas precauciones.
Recuerdo una charla donde un orientador decía que a los padres les corresponde dotar de las herramientas y armas necesarias a los hijos, para que puedan tener con que defenderse de ese enorme Goliat que es la vida.
Y que al paso del tiempo, los padres sólo podían ver como en una enorme pantalla de cine, como los chicos usaban esas herramientas para construirse un camino y esas armas para poder defenderse.
El ejemplo de Stephany es más que suficiente para dar un cambio en nuestras costumbres y empezar a reconstruir nuestras formas de diversión, creo que más señales de alerta ya no son necesarias.
Es perturbador ver en la prensa la terrible noticia de una joven asesinada brutalmente y sin causa aparente por un ciudadano extranjero que sería el supuesto homicida.
Pero la reacción del padre, un hombre que ha demostrado una valentía heroica ante estas circunstancias, revela el momento de reflexión que podríamos empezar a esbozar después de terminar de ver los noticieros.
Ricardo Flores envía un mensaje a los padres del país, “Cuidemos a nuestros hijos, porque las consecuencias podrían ser fatales”, nadie mejor que él y con autoridad para decirlo.
Hay varías conclusiones que saltan a la vista, legal, judicial y policial, pero Ricardo apunta directamente al núcleo familiar y a las decisiones que los padres deben tomar en los momentos adecuados.
No se trata, según como yo veo, de encerrar a nuestros hijos, tampoco de vivir en un estado de inseguridad y de alerta constante, pero sí de poner ciertos límites y tomar mínimas precauciones.
Recuerdo una charla donde un orientador decía que a los padres les corresponde dotar de las herramientas y armas necesarias a los hijos, para que puedan tener con qué defenderse de ese enorme Goliat que es la vida.
Y que al paso del tiempo, los padres sólo podían ver como en una enorme pantalla de cine, a los chicos usar esas herramientas para construirse un camino y esas armas para poder defenderse.
El ejemplo de Stephany es más que suficiente para dar un cambio en nuestras costumbres y empezar a reconstruir nuestras formas de diversión, creo que más señales de alerta ya no son necesarias.

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